Raíces
- Tu abuelita hacía lo mismo. - ¿Cómo? - Tu abuelita, ¿no te acuerdas?, le gustaba enseñarle sus plantitas a cualquiera que llegara a su casa. Los recuerdos llegaron en tropel: su casa, sus muebles, su olor, el estante verde lleno de plantas que un tiempo tuvo justo a un lado de la entrada principal (y que no recuerdo en qué momento quitó), sus cuentos, los ejercicios que hacía en la noche para aliviar sus dolores de rodilla, su amabilidad, las tortillas de maíz con mantequilla... y el café, siempre había café. Recuerdo con claridad llegar a su casa y encontrarla sentada afuera con sus vecinas. Era una mujer de muchas amigas y muchas palabras; todo mundo la quería y yo la adoraba. Y nosotras, sus nietas, éramos tremendas cuando estábamos juntas. Mis primas Karla y Laura, mi hermana Ivonne y yo, ¡le dábamos infierno! - Abuelita, ¿me quieres? - ¡Claro que sí, mija! - ¿Me puedo quedar a dormir? ¡Y la trampa estaba puesta! Nunca nos decía que no; y así, una tras otra repetíamos la fórmula ...