Inicios

Mi incursión en el mundo de la música fue algo muy natural, mis primeros recuerdos son de cuando era niña, y mis papás nos mandaban a dormir temprano para quedarse cantando en la sala con sus amigos en la sala. Ahí me escuché canciones como Fina Estampa y El Andariego, al son de la guitarra hasta las tres o cuatro de la mañana (y creo que esas memorias terminaron definiendo la música que amo ahora, después de tantos años).

Del violín, me han contado que me metieron a clases cuando estaba en primaria, pero yo, francamente, no me acuerdo de nada.  Ya bastante después, alrededor de los trece años, mi tía Lupita me invitó a participar con ella en un curso de verano de la escuela donde trabajaba... y ahí empezó todo. Estuve con ella un par de años y luego entré al Centro de Estudios Musicales, donde estudié un par de años más. Todo ese tiempo, mi vida académica transcurrió de manera normal. Salí de secundaria, cursé el bachillerato, y entré a la universidad, a estudiar psicología.



Cuando estaba por entrar a tercer semestre de psicología fui a un taller de orquestas en Conservatorio Nacional, en donde me tocó convivir con alumnos de la licenciatura en música. Ese viaje me movió tanto que regresando fui a pedir informes al Conservatorio de Chihuahua. Me dijeron que ya habían pasado los exámenes de admisión, pero que verían si alguno de los maestros estaba libre para ir a escucharme. Así fue, tuve suerte de que el maestro Rafael Vardanyan estuviera disponible.  Me marcó como aprobada y me tomó como su alumna en la clase de las ocho de la mañana, el único horario que le quedaba disponible.



Un año después hubo un acontecimiento en la ciudad que marcó mi futuro profesional. El director de la OFECH de este entonces se fue a Ciudad Juarez, llevándose con él a la mitad de la orquesta, generando un montón de plazas vacías. Ahí entre yo, joven e inexperta, cursando apenas el segundo año de remedial de la licenciatura, pero con unas ganas enormes de tocar, de aprender, y de hacer música toda mi vida.



Y, bueno, han pasado casi trece años.

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