La docencia y yo, parte 2 - Fabian
Varios meses después de haber empezado a trabajar con Paulo y con ganas renovadas de dar clase, decidí aceptar más alumnos. Entonces, preguntando, supe que uno de mis compañeros de capoeira había tomado clases de violín alguna vez pero no lo había disfrutado ni tantito. Platiqué con él y le insistí en que le diera una segunda oportunidad, en que buscaríamos la forma de hacerlo divertido.
Tuvimos nuestra primer clase y decidimos disfrutarlo, así que nos preparamos un café, tocamos y platicamos largo y tendido. Me contó los motivos por los que había odiado sus clases de violín y me hizo reflexionar en que muchas veces los maestros estamos tan enfocados en hacer que los alumnos aprendan y mejoren que no nos detenemos a pensar en sus proceso emocionales, en si lo están disfrutando o lo están sufriendo, en si el repertorio europeo tradicional (con el que nosotros aprendimos) es el que quieren tocar.
Uno de los obstáculos a los que nos enfrentamos dentro de clase fue a nuestros constantes viajes; él, visitando con frecuencia a sus abuelos; y yo, yendo a clases un fin de semana al mes a Monterrey. Con dificultades logramos tener una o dos clases al mes (a veces más, a veces menos), pero decidimos continuar y seguir avanzando al ritmo que se pueda.
De él aprendí a siempre buscar el disfrutar el aprendizaje y a no estresarme, y descubrí que con un par de tazas de café, las lecciones salen mejor.

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