Entradas

Mostrando las entradas de agosto, 2019

La docencia y yo, parte 3 - María Paula

Imagen
Ya con un gusto renovado por la docencia llegó otra alumna a mi vida. Era una chica que tenía un par de semanas de haber entrado a Capoeira, amiga de Fabian. Ella también había tomado clases de violín en algún momento y, al igual que él, había tenido una mala experiencia y quería darle una segunda oportunidad. Su violín azul me encantó El primer día decidimos empezar de cero e ir poco a poco, para ver sobre qué íbamos a trabajar. Aparentemente no recordaba mucho pero empezó a avanzar muy rápidamente. Traía partitura de tres canciones populares que iba a tocar con el grupo de la escuela y, aunque a mí me parecieron muy complicadas para ella, comenzamos a practicar. María me sorprendió en su segunda clase. El avance era enorme para una semana de trabajo y me di cuenta de que esto iba enserio, una buena combinación entre disposición, disciplina y talento, así que decidí ayudarle a llegar hasta donde ella quisiera,  un gran poder conlleva una gran responsabilidad . Nobod...

Ni una menos

Imagen
- Voy a llamar a la policía... ¡suéltala ya, o llamo a la policía! Durante mucho tiempo me estuve preguntando a mí misma si sería capaz de hacer algo, frente a alguna situación de peligro hacía mí, o hacía otras personas. Hace una semana tuve la oportunidad (desafortunadamente) de averiguarlo. Iba manejando hacia mi casa, alrededor de las doce y media de la noche. Había tenido concierto ese día y después había ido a cenar a casa de unos amigos. Vi a la pareja de lejos, como una escena de película, o un video de esos que la gente sube a las redes y te preguntas ¿Por qué no hacen nada?. Primero pensé "espero que estén jugando", pero conforme me acerqué me di cuenta de que no. Eran un señor y una señora forcejeando a la mitad de la calle, ella retrocedía cediendo ante el peso de él, hasta que llegaron a la banqueta y él la estrelló contra la pared. Me estacioné dudosamente en contra esquina (culito pero sanito, dice Franco Escamilla), dejé el carro en marcha, me bajé, y o...

Don Lencho

Me dijeron que vivía frente a la escuela, y que se sentaba en el porche de su casa a disfrutar el viento de la tarde, cuando ya se estaba metiendo el sol. La ubicación del lugar no hacía que me desviara de mi camino habitual, así que ese día decidí ir a conocerlo. Lo encontré ahí, sentadito sobre un par de cojines que había en una banca verde, con su cabello canoso y su mirada tranquila. Parecía entrecerrar sus ojos para que el viento no le molestara y a mí me dio la impresión de que estaba quedándose dormido. Quise bajarme a saludar, quise preguntar su nombre, quise conocer su historia, pero no me animé. Llevaba un poco de prisa por que, como de costumbre, siempre ando corriendo de un lado a otro. Me limité a sonreírle y saludarlo con un gesto de la mano, y seguí mi camino. Y así transcurrieron varios días, pasaba por ahí sin animarme a detenerme, sin saber su nombre si quiera. Empec...

La docencia y yo, parte 2 - Fabian

Imagen
Varios meses después de haber empezado a trabajar con Paulo y con ganas renovadas de dar clase, decidí aceptar más alumnos. Entonces, preguntando, supe que uno de mis compañeros de capoeira había tomado clases de violín alguna vez pero no lo había disfrutado ni tantito. Platiqué con él y le insistí en que le diera una segunda oportunidad, en que buscaríamos la forma de hacerlo divertido. Tuvimos nuestra primer clase y decidimos disfrutarlo, así que nos preparamos un café, tocamos y platicamos largo y tendido. Me contó los motivos por los que había odiado sus clases de violín y me hizo reflexionar en que muchas veces los maestros estamos tan enfocados en hacer que los alumnos aprendan y mejoren que no nos detenemos a pensar en sus proceso emocionales, en si lo están disfrutando o lo están sufriendo, en si el repertorio europeo tradicional (con el que nosotros aprendimos) es el que quieren tocar. Uno de los obstáculos a los que nos enfrentamos dentro de clase fue a nuestros co...